Hace un par de años fui con Migue a esta fiesta en Teusaquillo, en la casa de uno de esos pelaos ricos que te carerían mal. Me acuerdo mucho que cuando entré, el dueño de la fiesta me miró hizo esa corta inspección a mi figura tan recurrentemente hecha en los cubículos de migración. En la fiesta Migue se sentía incómodo, yo también. Así que para safar la presión vertical de la examinación social, se me ocurrió decirle “la vida hay que vivirla como Maradona contra los Ingleses en el 86”. Migue, que es de mi misma sustancia y ha visto fútbol desde que abrió los ojos, entendió todo, algo se despejó en él y también en mi. La rabia, el orgullo, la capacidad de mirar a cualquiera de frente sin sentirse inferior, menos, la capacidad de responder a cualquier irrespeto, el amor a nuestras madres, el conspire, la astucia, el fuego, las armas.

El gol con la mano, arrancar de atrás y sacarse a una fila de europeos de encima, toda esa belleza no es importante por su histrionismo técnico, los que parten de ahí no han entendido nada. Toda esa belleza es importante porque un “negro” (en palabras argentinas) vencía en el campo simbólico al colonizador que no había podido vencer en la batalla. Pero además de eso, también iba a vencer por siempre las palabras de sus connacionales ¿A que negro villero van a despreciar? ¿Al que les dio la copa del mundo? Para la desgracia de las elites bonaerenses, un niño nacido en la pobreza que ellos habían fabricado, se convertía en un dios enano, café e indomable.
Es claro que ha argentina le ha servido el arbitraje en este mundial:

¿Pero querer ver a los ingleses ganar a 40 años de ese gesto de Diego Maradona? ¿Querer ensuciarlo por buscar un desquite? A los argentinos les tenemos que ganar nosotros jugando futbol, nosotros mismos, cuando aprendamos que precisamente no somos unos invitados de segunda categoría en ninguna fiesta, que podemos morder, empujar, pensar, tener destreza, tener orgullo y amor propio. Que no hay que esconder, ni goce que sea pecado entre la humedad el pacifico y el solazo del caribe. Que es menos cristo y más nosotros en consonante malgenio y convicción, los que podemos lograr las cosas.
Que argentina pierda la final contra un Mbappé que se le ha parado duro a la derecha francesa, vaya y venga. Pero este partido no.