felipeacn

Francia vs España

Toda la riqueza de España y Francia se la deben a la colonización. Deberían agradecer que, en vez de incendiar Roma como en los mejores tiempos, los hijos de los países arrasados juegan futbol con las camisetas europeas.

Pero acá estamos como hace 4 años, ante la pregunta: ¿Son Mbappé y todos los negros de la selección de Francia franceses? Una pregunta que no hay que responder, una pregunta racista que nunca le hicieron, por ejemplo a Zidane, de origen argelino.

Si Asterix y Obelix hubieran visitado París, con toda certeza hubieran terminado colándose a algún cuarto del Palacio de Elíseo en asociación con todo el casting de La Haine. Y eso es sin duda así, porque las naciones, como los cuerpos, transmutan, son porosos, se llenan, se desinflan, se templan, cambian de color, de gustos, de costumbres, de historias. Lo francés, como lo colombiano, está siempre sujeto a cambio; es un collage infinito, sus bordes son difusos e incontenibles.

El sur de España, por ejemplo, tan orgulloso con su flamenco y sus espadas toledanas, le debe gran parte de su cultura al Al-Ándalus que tuvo presencia 781 años en la península ibérica. Es a través de ese remix centenario que existen cantantes  como Rosario o como El Sigala, grandes representantes del folclor español.

Y es que lo primero que hay que vencer es esa idea cansada ya de que un país es algo concreto y abrazar la incertidumbre de las identidades fragmentadas. Una idea que llena de miedo a los estómagos de quienes, con los ojos aguados de amor, miran la bandera como a una madre indefensa que pide en llantos ser vengada. Todas las naciones son un invento, producto de intereses particulares, particiones de tierras a las que se les inventa un “nosotros” para justificar el ejercicio del poder. La pelea debería ser de clase, no de origen.

Eso es un sueño, por ahora, un sueño problemático. No me siento en la capacidad de sostenerle eso en la cara a un palestino que lucha por tener un país, o a un argelino, cuya independencia de Francia le costó muchas vidas. Hay que seguir con el problema, como dijo Donna Haraway, tal vez hablando de otras identidades, pero que se aplican un poco a este caso. El problema de la identidad nacional.

Volviendo a Francia y a su nostalgia de égalité y fraternité racializada. Si los reaccionarios están tan firmemente convencidos, con sus castillos y sus escudos familiares, de que pueden definir una nación y que esta debe tener unos límites claros, con unas fronteras bien marcadas, deberían entonces empezar el proceso de asumir la responsabilidad de haber roto y fragmentado las fronteras ajenas, de haber invadido, extraído, esclavizado, arrasado todo lo vivo y lo muerto de esa África a la cual hasta le quitaron las palabras. En África se habla francés en una gran cantidad de países, porque su idioma fue reemplazado a través de las armas, en un atentado a la soberanía de cualquier nación. Ni digamos lo que España hizo. 

La idea de lo nacional solo les es útil a ellos en la sala de su casa. En los otros países, despojo y genocidio.

Que esa excelencia negra les duela, que les retuerzan los tuétanos, que caigan mareados en pesadillas, que todas sus culpas se devuelvan en oleadas de negros musulmanes jugando fútbol y ocupando cada esquina de París, que no tengan nunca paz, que mueran sin la Europa que soñaron, que cada niño muerto en el Mediterráneo se multiplique por mil.