Abelardo de la Espriella dio su discurso de victoria montado sobre una enorme estructura monolítica de pantallas. Una especie de simulacro de emperador tecno futurista. Diminuto, incrustado entre un montón de imágenes que hacen las veces de cuerpo, encerrado dentro de una cabina que hace las veces de cerebro.
Un cuerpo de imágenes artificiales, epilépticas, lumínicas, asépticas, nítidas, coloridas, panorámicas e imperiales. Imágenes verticales hechas por drones en una especie de control visual de la geografía. Indígenas, afros, campesinos, animales, jugadores de futbol, archivo histórico performanceando para gente uniformada haciendo una seña militar. Un todo, donde unos son los que definen el todo. La completitud de un país para quien sabe marchar.
En su plataforma de DJ de festival de tecno, Abelardo de la Espriella repite los mismos slogan que podrían estar en una publicidad de Bancolombia o en un brochure de un proyecto de vivienda en Llanogrande. Esa invocación a una unidad lisa, sin ruido, sonriente, bacana, rasurada y asesina no dice mucho, no tiene mucho que decir, el discurso es un reel de Instagram extendido, lleno de pausas espectaculares. Un prompt, una conversación con el vacío.
Sabe que lo que diga no es tan importante, es lo de menos. Lo que importa es lo que lo sostiene, las imágenes. Ese encantamiento que nos hace permanecer horas en estos celulares, las imágenes, a través de las cuales se recopilan todos nuestros datos, nuestros hábitos, nuestros deseos, las imágenes, tan bellas, tan extrañas, que parecen que representan algo, pero que siempre son falsas, que pierden su fondo y su vínculo con lo real, que son un exorcismo del mundo. Imágenes que son una lámina fina que parece que nos muestra lo que está debajo de ella, pero solo nos deslumbra.
Quedo patinando en dos áreas biscosas:
¿Que hay detrás de esas imágenes? ¿Cuáles son los cables que las transmiten? ¿Que tapan? ¿Quienes trabajan detrás de esas imágenes?¿Qué energía las prende?¿Que pasa cuando no están?
Si el soporte de un paramilitar de reinado de belleza son las imágenes ¿Nuestra manera de relacionarnos con las imágenes no ha terminado nutriéndolo antes que enfrentándolo? ¿Y si volvemos un poco más al tacto y menos a esa facilidad de la vista? ¿Si prendemos la luces detrás de las pantallas y apagamos las pantallas?